Aparece
desbocado este verano por una entelequia que corroe las entrañas. Galopan por el alma
apaciguada que se presenta tímida, como si tuviera un amor desmedido de felicidad.
Así se
presenta el verano con un aura de afrentada quietud que la hace vulnerable. Sevilla
lo viene anunciando en su rostro, en los
surcos de su silueta que advierten de la espesura sentimental que lleva andada
este mes de agosto.
Mes donde la
Ciudad durante unos dias duda de si misma, no sabe si quien está frente a ella es
el sabor antiguo de aquellos tiempos…donde todo se saborea de forma diferente.
Pronto llegara
una nueva temporada 26/27 con inicio de curso cofrade con alguna inoportuna o
certera realidad, también hastiado del falso contexto, receloso por tanta
picaresca barata.
Sevilla
necesita un cambio viral para volver a ser pionera. Y no que la adoran por lo
que era. Tanta desvergüenza que nadie se atreve a poner el cascabel al gato. En
realidad asi mismo esta la socidad….
Por los azotes que da cada lustro sobre
nuestro ser, el paso del tiempo sobre nosostros hace que cale cada vez mas el amor de madre, como icono universal en el sur de España, en esta ciudad mariana para
entender todo.
Abrir el
corazones a los nuevos rincones que pululan por la ciudad, porque supura una
sinceridad rotunda, aplastante, como dijo Reyles en esta Sevilla del siglo
pasado…donde esta su esencia y embrujo. Reyles decía que Sevilla es única porque
a base de casta se empodera de arte.
Tan
contundente como la opacidad que muestran sus ojos.
Y que no quede
abatida por el consuelo de su gente.
¿Es acaso
previsible y probable que esta ciudad vuelva a brillar descubriendo su alma?