Sevilla ha sido en este y la parte final del último siglo, más
contemplada que comprendida. Como dijo Angelita Yruela…Sevilla hay que bebérsela.
Pero se han empeñado en hacer una condena en sostener la
belleza de una niña en su juventud imposible. Le pasan los años y siglos diciéndole todos lo hermosa que es, pero con huidiza elegancia no se toca.
Dejemos de encerrarla en los tópicos y típicos de gente
arcaica que no son rancia. Pues prima sus formas para que esta cárcel de oro
siga siendo su fuerte.
Esta tierra es autentica cuando dejan que la ciudad respire
con su gente y la dejan romperse para después ella misma inventarse. Esa es la
gracia de Sevilla. No la que dejan como escaparate para un turismo encorsetado
que le ríe la gracia de lo que fue.
La Sevilla autentica reside en su arte, al que ya no le
dejan respirar para trazar sabores, fragancias y formas nuevas en la ciudad.
Dejemos de nuevo el trazo breve, exacto, de la chispa e improvisación de esta
urbe para seguir moldeando el ingenio.
Ese ingenio que siempre fue pionero para el resto del mundo.
Porque ahí, en sus grietas y no en sus postales, es donde sigue
latiendo la hermosura mas honda. A esta ciudad cuando la dejas improvisar,
hasta la luz abraza el orgullo y melancolía para darle forma al presente.
Incluso cuando Sevilla parece perdida dentro de si misma.
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