miércoles, 15 de diciembre de 2010

Taurinos: Aprended

Antonio García Barbeito.- Si, según Antonio Machado, «un golpe de ataúd en tierra es algo perfectamente serio», ni imagino lo que puede ser en Estocolmo, en el atril desde el que hablará el Premio Nobel de Literatura don Mario Vargas Llosa, la montera de Curro Romero —bocabajo, supongo— como ayuda del discurso. Con esa montera cerca, no habrá discurso que se tuerza. Vargas Llosa hablará con una cadencia de eterna verónica, con la hondura de un derechazo que arrastra diez planchadoras en el vuelo, de trincherazos de pintor y cartel. Hablar con una montera de Curro cerca tiene que imponer, y verla allí, sabiendo lo que esa montera ha cubierto —ideas geniales, pases imposibles, y miedo, que también el miedo es torero—, será para que la voz tiemble como la sostenida cuerda de una guitarra.
Eso es compromiso. Un hombre con su historia en la literatura, que no tiene nada que demostrar, que no necesita de gestos así, tras haber ganado el «Manuel Ramírez» y haber ocupado la palabra el Domingo de Resurrección en Sevilla, ni corto ni perezoso, llama a «Bellasombra» y le dice a Curro que le preste la montera, que él quiere hacer el paseíllo en Estocolmo con la montera del Faraón de Camas. Taurinos, aprended. Se ha puesto el Nobel por montera y va a poner la montera de Curro en el Nobel. No tenía ninguna necesidad, porque ha demostrado con creces su defensa de los toros. Pero lo hace con esa valentía de quien sabe lo que defiende, y en Estocolmo —no en Sevilla, ni en Ronda, ni en Madrid—, su palabra de eco mundial, tendrá el quieto negror de una montera, como diciéndoles a los suecos y a quienes se hacen los suecos: «Esto es lo que hay». Y mientras don Mario Vargas Llosa tiene ese detallazo, que será, sin duda, el más universal que soñar pudiera la tauromaquia, ¿qué hacen con don Mario quienes viven del toro criándolo, negociando o toreándolo? Ni esto. No ha habido nadie —que yo sepa— del mundo taurino que haya propuesto una cena homenaje a Vargas Llosa por el galardón —que no es la flor natural, ojo—, ni han mandado a la prensa un escrito firmado por todos los que de verdad comen del toro. Ni esto. La mayor defensa de la Fiesta Nacional está en quienes no comemos de ella, no de quienes viven a su sombra. Aprended, taurinos, todos los que estáis dentro del ruedo por una u otra razón. Un peruano, Premio Nobel de Literatura, va a poner una pica en Flandes al colocar en el atril de Estocolmo la montera de Curro. A ver si la gente del toro sale a responderle a don Mario en ese mismo nivel. Si no, es para echarles el toro al corral.


Publicado en ABC de Sevilla el 8 de diciembre de 2010

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