miércoles, 13 de agosto de 2014

Manzanares en el Puerto

Buen ambiente, casi lleno, euforia previa al festejo y tres toros de Morante que se partieron los pitones en un detalle insólito. Triunfó Manzanares de forma fácil con el mejor lote. La gente se puso de su parte, el alicantino le puso buen gusto a faenas incompletas y desiguales. A Manzanares se le espera mejor. Los mejores naturales los firmó Finito. Y Morante toreó con el capote. Algo es algo
Plaza de toros de El Puerto, 10 de agosto de 2014. Casi lleno. Seis toros de Zalduendo, 2º y 5º lidiados como sobreros, por los titulares que se partieron los pitones de salida. En general, justos de presencia, nobles en general. Buenos 3º y 6º. Saludaron en banderillas Curro Javier, Rafael Rosa y Luis Blázquez (dos veces).
Finito de Córdoba, de azul y plata, dos pinchazos y tres descabellos (saludos tras aviso). En el cuarto, estocada (saludos).
Morante de la Puebla, de naranja y oro, estocada corta (saludos). En el quinto, pinchazo y estocada corta (palmas).
José María Manzanares, de azul marino y oro, pinchazo y estocada (una orejas tras aviso). En el sexto, estocada (dos orejas). Salió por la Puerta Grande.
Ocurrió algo insólito en esta lujosa corrida. Tres toros de Morante se partieron los pitones en distintos momentos de la lidia. El segundo se descornó al derrotar de salida en un burladero. Lo del sobrero fue más desagradable. Después de embestir al capote de Morante para que el de La Puebla bordara el toreo de capa, el del mejor Morante, con el postre de un quite por chicuelinas rematado con media a cámara lenta, cuando el ambiente se relamía de gusto por lo que soñaba que podía ocurrir con un torero tan inspirado, los banderilleros de Morante lo cerraron en tablas y el animal se partió el pitón en un derrote. La desolación del diestro fue pareja a la del tendido. Lo nunca visto. Dos toros consecutivos con los pitones rotos y del mismo torero.
Pero la tarde tenía más sorpresas. El quinto, segundo del lote de Morante, no parecía bueno. Ahora no hubo ni toreo de capa ni brillo en la lidia. Cuando entró al caballo en la primera entrada, ¡horror!, el toro se partió el pitón izquierdo. Los anales están escritos. Es posible que sea la primera vez que se les parten los pitones a tres toros en la misma corrida. Y, para más inri, al mismo torero. Se decía que eran las fundas; otros opinaban que debían ser problemas de alimentación, todos tenían su explicación. Un gracioso le echó la culpa a los mexicanos que la han comprado. Sea por lo que sea, fue la tarde de los pitones rotos.
Morante mató, por estos accidentes, los dos sobreros. El que salió en quinto lugar no se partió nada porque no embistió. Su proverbial mala suerte en los sorteos, en una tarde en la se vistió de naranja y llevó un ostentoso luto por su amigo Pedro Alegría, se puso de nuevo de manifiesto. Este sobrero se quedó corto y no tenía fuerzas. Morante con voluntad no es Morante.
El cartel era un derroche de arte. El ganado fue el apropiado a tanto arte, es decir una de Zalduendo nada exagerada, justa de fuerzas, pero noble en general. El ganado que necesitan los artistas. Decía el programa que el propietario era Alberto Ballieres.
Los mejores naturales de la tarde llevaron la firma de Finito de Córdoba en su exquisita y elegante faena al primero de la tarde. Es un lujo presenciar el toreo de Juan Serrano cuando se encuentra confiado. El primero de la suelta le permitió dibujar naturales perfectos, plenos de empaque y buen gusto. A estas alturas, nadie duda que el de Córdoba torea muy bien cuando está confiado. En su labor ante el que abrió plaza hubo tandas en las que llegó a ligar los pases para gozo de los asistentes. Además, añadan muchos deseos de triunfo y unos ayudados finales para no olvidarlos nunca. Todo ese precioso conjunto, realizado en el siempre difícil primero, quedó desgraciado con la espada.
El cuarto de la tarde, bonito, estrecho de sienes, no le permitió repetir semejantes muletazos. Le puso voluntad, no acabó de cogerle el aire, y entre enganchones y algunos pases sueltos de belleza simpar finiquitó su labor en El Puerto.
Manzanares le cortó una oreja al tercero en una faena muy larga. Tanto tiempo estuvo delante del toro que sonó un aviso antes de que se perfilara para matarlo. El toro fue noble, sobre todo por el derecho, lo que permitió una labor de toreo de mano baja y de una estética soberbia. El animal comenzó a querer marcharse a las tablas, lo que el alicantino logró evitar con destreza. Lo más aclamado fueron los circulares – ¡a Manzanares también le ha dado por ellos! – que remató con un molinete. Fueron el resorte que levantó a la plaza, de forma que a pesar del pinchazo y el aviso le concedieron una oreja.
Se llevó el lote. El sexto embistió a su muleta con fijeza. Manzanares sacó su temple y su elegancia para componer una faena de trazos bellos, ahora con muletazos largos, despegado como casi siempre y algunos a excesiva velocidad. Con la izquierda bajó mucho el nivel, aunque ello no le importó a nadie. Era el sexto de una corrida desgraciada, las ganas de disfrutar del tendido se pusieron de su parte y todo acabó en triunfo. Una tanda con la diestra caló hondo por la lentitud y la cadencia. La música puso su parte y los tendidos entraron en ebullición. Manzanares se fue a hombros en la tarde de los pitones rotos.

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