viernes, 4 de diciembre de 2015

Tintineo de Invierno



Lo mejor para comprobar las diferencias no es verlo, es sentirlo. Vivir el abrazo del momento en nuestra manera de concebir, con nombre y apellidos. Porque los abrazos aquí tienen la fuerza de Hércules y la dulzura de la vieja Híspalis. Papelones de abundancia en nuestra sociedad ó papel de traza donde se olfatea los manjares de esta Sevilla inexorable con delicias que nos da la vida, no solo comestibles. 

Oír por callejones la voz suave del metal que despierta desde el arrabal, es el cimbreo difuminado construyendo los nuevos días impregnados de la nostalgia. Cada casa abre sus puertas para recibir la Esperanza, es lo que tiene estar en final de año, pues hace del instante una poderosa esfera derretida por un cirio, que sigue encendido con la palabra espera.

Embebidos por la muleta de la FE, hace sacarnos trazos de pasión en estos tiempos Navideños, dibujando sobre la arena dorada del sentimiento lo que nuestras manos toca, hasta que llega la gloria. Es la intimidad del invierno con las ventanas siempre abiertas para ver como se enamora de manera viceversa. Asómate a esta fría reja, como si fuese un romance de época, con unas coplillas de fondo que pasan pero no pasan, pero te dejaran huella.
No tengas prisa, como lo hace el sol en enero, que la humedad en las largas noches hace espliego en reuniones. Fragancias que atormentan todos los males. Frio que se hace cómplice de nuestro sentidos, con candelas encendidas hechas brasas que iluminan con la misma intensidad que unos candelabros de cola, unos respiraderos de plata o una candeleria totalmente encendida.

Vive y siente este tiempo de Ilusión, el nacimiento del Mesías, una era que se fragua con este nuevo ciclo baratillero donde las figuras vuelven a la Maestranza, toreros que siguen soñando con esta ciudad eterna,  siguen soñando con una nueva gesta. Cada protagonista busca una nueva quimera renovada. Sabiendo todos que nos adentramos en el año de la misericordia. Y más piedad, compasión, humanidad, indulgencia y devoción para vestir la palabra misericordia, no es otra que Gran Poder.

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